¿Qué es eso de la emoción?
¿Qué es eso de la emoción?
“Existe un inmenso vacío en nuestra visión de mundo, en que el entrenamiento es visto como importante para las habilidades físicas, deportivas, intelectuales y musicales…para todo, menos para las emociones.”
(Richard J. Davidson)
¿Qué entendemos cuando hablamos de emoción?
Todos hemos experimentado alguna vez en nuestra vida, tristeza, furia, alegría, confianza, optimismo, rabia, vergüenza o culpa. Desearíamos también que algunos de estos estados, prevalecieran por sobre otros. Muchas personas piensan, cuando nos referimos a este tópico, que sin ellas la vida carecería de color y atractivo, pues el componente emocional de la experiencia, es lo que sazona la vida; otros por el contrario piensan que son inservibles, pues obnubilan la razón, ya que nos hacen actuar de manera exacerbada o retraída, según estemos invadidos por la ira o el temor.
Ya en el año 1872, Charles Darwin sostiene, que las emociones y su expresión, han sido mantenidas en la naturaleza hasta lo humano (y no es un atributo exclusivo de estos), por su valor en cuestiones vitales tales como la adaptación, la supervivencia, el apareamiento y la crianza de los hijos. Pero, ¿qué es la emoción? Para aquellos que se han dedicado a estudiar este fenómeno, la definen como una respuesta simultánea, generada frente a algo que percibimos a través de nuestros órganos de los sentidos, en tres áreas: mental, fisiológica y motora.
Lo mental, se conoce como sentimiento, es aquello relacionado con la vivencia e interpretación personal y subjetiva de la emoción propia de cada individuo. Esto es lo que nos permite darnos cuenta de que es tristeza, culpa o alegría lo que estamos experimentando, darle un nombre y poder referirnos a ello.
Por otro lado, cuando experimentamos serenidad, alegría, pena o rabia, se activan en nuestro organismo, una serie de respuestas fisiológicas como el ritmo cardíaco, la presión arterial, la actividad de glándulas endocrinas, el ritmo respiratorio, la humedad de la piel, la motilidad de los intestinos, etc, aumentan o disminuyen su actividad en comparación a su estado basal. Por ejemplo en la rabia y el miedo, el latido cardíaco se hace más fuerte e intenso, en la pena disminuye el metabolismo en general y con las emociones positivas (alegría, serenidad, optimismo, confianza) estos se restablecen en su nivel basal, de ahí que se hable del efecto restaurador de éstas.
El tercer componente de la emoción es el motor: cada emoción evocará en nosotros conductas de evitación o retirada y ataque o acercamiento, dependiendo si es ira, tristeza o amor lo que estoy experimentando.
Una consecuencia de la tridimensionalidad de la emoción, es que al coexistir la respuesta en estos tres ámbitos, está involucrado todo nuestro ser íntegra y completamente.
¿Cuál es su función? Etimológicamente, el término emoción viene del latín emotĭo -ōnis, que significa “el impulso que induce la acción”. Nos ponen en movimiento, haciendo una analogía corresponderían al motor de un auto. Nos empujan hacia adelante (optimismo, persistencia, entusiasmo), nos hacen detenernos (miedo, ansiedad, preocupación), poner marcha atrás (tristeza, asco), explorar alternativas (curiosidad) y tomar decisiones. Estudios con humanos o animales, que han sufrido daño accidental o la extirpación quirúrgica de estructuras cerebrales relacionadas con la emoción, han mostrado que se tornan totalmente impasibles e indiferentes, o bien impulsivos y toman malas decisiones.
Al igual que el motor del auto, las emociones están siempre en operación, pero sólo nos percatamos de ellas, cuando alcanzan una intensidad considerable, al recibir una buena o mala noticia, el insulto de alguien, o un beso de la persona que nos gusta. Esto podría llevarnos a creer que son estados breves y pasajeros, pero la realidad es que operan todo el tiempo.
Existen dos tipos de respuesta emocional: una rápida y otra lenta (por decirlo de algún modo). La mente emocional, es mucho más rápida que la racional, que se caracteriza por ser una reflexión deliberada y analítica. En la evolución, al tener que enfrentarnos con otro animal, probablemente si nos hubiéramos detenido a pensar, no habríamos sobrevivido, por lo cual la respuesta rápida, una especie de radar para el peligro, se da en milésimas de segundos, sin intervención de la racional, y pasada la emergencia incluso miramos con sorpresa la reacción que tuvimos, muestra de que nuestra mente lógica está despertando. Con el desarrollo de nuestras sociedades “modernas”, estas señales de alerta o peligro vital, pueden ser engañosas o erróneas, pues estamos mucho más seguros que en los albores de la humanidad.
Por otro lado, en la respuesta lenta, existe una evaluación mas pronunciada de la situación, a través de nuestros pensamientos (cognición). Por ejemplo cuando pienso, ese vendedor me está embaucando, o este lugar es realmente agradable, primero evalúo la situación y luego se genera una respuesta emocional. Es en esta vía de la emoción, que los actores nos llevan ventaja, pues haciendo uso del recuerdo, pueden evocar estados emocionales dolorosos, melancólicos o felices. Haciendo un mal uso de esta remembranza, es que por ejemplo, podemos caer en estados depresivos. Es a través de esta vía que también podemos desarrollar una regulación de nuestras emociones.
Además, nuestros estados emocionales, afectan el juicio y la interpretación que hacemos de nuestro entorno, a que factores prestamos atención, y que elementos definitivamente no vemos. Quizás si no hubiera estado tan enfadado o ansioso, no habría actuado tan impulsivamente, habría analizado mejor la situación y no me estaría arrepintiendo en la actualidad. Una vez desencadenada la respuesta emocional, ya no hay vuelta atrás, la química de nuestra sangre ha cambiado, lo que explica que muchas veces es difícil razonar, y hacer recuperar la cordura a alguien emocionalmente perturbado.
Por mucho tiempo se pensó, que sólo el sistema nervioso central y el cerebro eran capaces de responder a la experiencia, cambiando el modo en que se comportaban. No obstante, con el surgimiento de la psico (mente) – neuro (que incluye al sistema nervioso y mensajeros hormonales) – inmunología (que se refiere al sistema inmune, que defiende a nuestro organismo de “invasores”) (PNI), se descubrió que las emociones, a través del sistema nervioso autónomo (componente fisiológico de la emoción), ejerce un efecto regulador en los niveles hormonales, presión sanguínea, ritmo cardíaco y respiratorio, etc. y éste se comunica directamente con el sistema inmune. Usando el microscopio electrónico, se observó espacios en que las terminales nerviosas y células inmunes hacían contacto directo. Hasta ese entonces nadie había imaginado que las células inmunes podían ser blanco de mensajes nerviosos. Por ejemplo con el estrés y dependiendo de su duración, la respuesta del sistema inmune, se ve obstaculizada temporal o permanentemente. O con la ira aumenta el trabajo del corazón y aumenta la probabilidades de enfermedades cardiovasculares.
A pesar de su trascendencia, las emociones han sido “olvidadas” por la psicología, y recién en 1995, con la aparición del tema del manejo inteligente de las emociones (inteligencia emocional), han recobrado algo de importancia. A pesar de ello, en las universidades que en la actualidad en nuestro país imparten la carrera de psicología, no cuentan con ramos dedicados a este tema y se hace imperioso educar a las personas, sobre todo a los niños, en esta materia.
Daniel Varas Sepúlveda.
Psicólogo Clínico y Organizacional.
Dirección consulta: Antonio Varas 175, of. 309, Providencia.
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